No fui en la infancia como los otros
ni nunca vi como los otros vieron.
Mis pasiones yo no podía
hacer brotar de fuentes iguales a las de ellos;
y era otro el origen de mi tristeza,
y era otro el canto que despertaba
mi corazón para la alegría.
Todo lo que amé lo amé solo.
Así en mi infancia, en el alba
de mi tormentosa vida, irguióse,
desde el fondo de todo bien o todo mal,
desde cada abismo, encadenándome,
el misterio que envuelve mi destino.
Los viejos, la gente corriendo. Los aviones, las cosas altas, las cosas en las que te puedes atascar. Las cosas ruidosas, los gritos, el llanto. La gente con dientes feos, las bolsas sin dueño, los zapatos sin dueños, los niños sin padres. La cosas que timbran, las que echan humo. La gente comiendo carne. La gente que mira arriba, las torres, los túneles, las cosas a toda velocidad. Las cosas ruidosas, con luces, las cosas con alas. Y los puentes me ponen especialmente nervioso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








































