Es posible que, si hubieran permanecido más tiempo juntos, hubieran empezado lentamente a comprender las palabras que decían. Sus vocabularios se habrían ido aproximado tímida y lentamente como unos amantes muy vergonzosos, y la música de cada uno de ellos habría empezado a fundirse con la música del otro. Pero ya es tarde.
La insoportable levedad del ser.
El mar se mide por olas,
el cielo por alas,
nosotros por lágrimas.
El aire descansa en las hojas,
el agua en los ojos,
nosotros en nada.
Parece que hay sales y soles,
nosotros y nada…
Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.
Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
—maldita y arruinada soledad
sin uno mismo—
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixian, matan, resucitan.
Amargo como esa voz amarga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
que murió nuestra muerte,
y que en todo momento descubrimos.
Amargo desde dentro
desde lo que no soy
—mi piel como mi lengua—
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.
Lento desde hace siglos,
remoto —nada hay detrás—,
lejano, lejos, desconocido.
Lento, amargo animal
que soy, que he sido.
Horal - Jaime Sabines
Horal - Jaime Sabines
No fui en la infancia como los otros
ni nunca vi como los otros vieron.
Mis pasiones yo no podía
hacer brotar de fuentes iguales a las de ellos;
y era otro el origen de mi tristeza,
y era otro el canto que despertaba
mi corazón para la alegría.
Todo lo que amé lo amé solo.
Así en mi infancia, en el alba
de mi tormentosa vida, irguióse,
desde el fondo de todo bien o todo mal,
desde cada abismo, encadenándome,
el misterio que envuelve mi destino.
Los viejos, la gente corriendo. Los aviones, las cosas altas, las cosas en las que te puedes atascar. Las cosas ruidosas, los gritos, el llanto. La gente con dientes feos, las bolsas sin dueño, los zapatos sin dueños, los niños sin padres. La cosas que timbran, las que echan humo. La gente comiendo carne. La gente que mira arriba, las torres, los túneles, las cosas a toda velocidad. Las cosas ruidosas, con luces, las cosas con alas. Y los puentes me ponen especialmente nervioso.
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