Fotografías de Into The Wild (Banda Sonora)










Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica.




La fama trae la soledad. El éxito es tan frío como el hielo y tan poco hospitalario como el Polo Norte.



Es posible que, si hubieran permanecido más tiempo juntos, hubieran empezado lentamente a comprender las palabras que decían. Sus vocabularios se habrían ido aproximado tímida y lentamente como unos amantes muy vergonzosos, y la música de cada uno de ellos habría empezado a fundirse con la música del otro. Pero ya es tarde.

La insoportable levedad del ser.



El mar se mide por olas,
el cielo por alas,
nosotros por lágrimas.
El aire descansa en las hojas,
el agua en los ojos,
nosotros en nada.
Parece que hay sales y soles,
nosotros y nada…
Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.
Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
—maldita y arruinada soledad
sin uno mismo—
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixian, matan, resucitan.
Amargo como esa voz amarga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
que murió nuestra muerte,
y que en todo momento descubrimos.
Amargo desde dentro
desde lo que no soy
—mi piel como mi lengua—
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.
Lento desde hace siglos,
remoto —nada hay detrás—,
lejano, lejos, desconocido.
Lento, amargo animal
que soy, que he sido.

Horal - Jaime Sabines 


Quienes expusieron sus cerebros al Cielo.


—Los gatos no tenemos nombre.
—¿No? —dudó Coraline.
—No —corroboró el gato—. Vosotros, las personas, tenéis nombres porque no sabéis quiénes sois. Nosotros sabemos quiénes somos, por eso no necesitamos nombres.




                                  -  Ana Frank


Tengo deseos de escribir y, ante todo, quiero sacarme algún peso del corazón. «El papel es más paciente que los seres humanos», pensaba a menudo, cuando apoyaba melancólicamente la cabeza en mis manos ciertos días en que no sabía qué hacer.

Ana Frank

Creo que, para su evasión, aprovechó una migración de pájaros silvestres.

Los blancos dígitos sobre mis prendas los debo a ti. También el caliente de los pies en mi cama.



Hay poca educación,
hay muchos cartuchos,
cuando se lee poco se dispara mucho;
no se necesitan balas para probar un punto,
es lógico no se puede hablar con un difunto.



Quisiera que recordaran que me esforcé.


Eso de la cuerda, las pastillas, el cuchillo y el disparo son puros inventos, el suicida viene muerto de antes.

Actúa como si fuera verano, pero camina como si lloviera.

Y esto es así porque tienes miedo, temes la libertad.


Vista Ciega. Luz Oscura. Gloria Triste. Vida Muerta


No fui en la infancia como los otros
ni nunca vi como los otros vieron.
Mis pasiones yo no podía
hacer brotar de fuentes iguales a las de ellos;
y era otro el origen de mi tristeza,
y era otro el canto que despertaba
mi corazón para la alegría.
Todo lo que amé lo amé solo.
Así en mi infancia, en el alba
de mi tormentosa vida, irguióse,
desde el fondo de todo bien o todo mal,
desde cada abismo, encadenándome,
el misterio que envuelve mi destino.


Los viejos, la gente corriendo. Los aviones, las cosas altas, las cosas en las que te puedes atascar. Las cosas ruidosas, los gritos, el llanto. La gente con dientes feos, las bolsas sin dueño, los zapatos sin dueños, los niños sin padres. La cosas que timbran, las que echan humo. La gente comiendo carne. La gente que mira arriba, las torres, los túneles, las cosas a toda velocidad. Las cosas ruidosas, con luces, las cosas con alas. Y los puentes me ponen especialmente nervioso.

Si, soy nervioso. 
Eso es cierto, soy nervioso. 
Terriblemente nervioso. Eso lo admito.